Ser feliz no es el final del camino, como nos enseñan desde cuando somos niños. Ser feliz es una construcción que hacemos a diario. Eso significa que ser feliz es el proceso, el camino. Esa es la razón por la cual la mayoría de seres humanos es infeliz y se va de este mundo con la frustración de haber desaprovechado la preciosa oportunidad que es la vida: ¡nunca supieron ser felices!

La relacionada con la felicidad es una de las creencias limitantes más fuertes que nos inculcan de chicos. Nos venden un libreto que ya sabemos es mentira, porque en realidad nos conduce al objetivo opuesto: la infelicidad. “Estudia, crece, gradúate, entra a la universidad, estudia, crece, gradúate, consigue un trabajo, crece, forma una familia, trabaja y retírate”, es el libreto.

Al final, solo al final del camino, nos dicen, está el premio, la recompensa. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que no es así: vemos a amigos, a familiares, a conocidos que siguen ese camino y, cuando llega el momento del retiro y de disfrutar la vida, lo que aflora es la infelicidad. No saben qué hacer con su vida, porque el plan A que habían establecido resultó ser un engaño.

Es muy doloroso, porque dedicamos la mayor parte de la vida, los mejores años de la vida, a una rutina que no solo es dolorosa, frustrante, sino que también impide que le demos valor a lo que en realidad es importante en la vida: lo que amamos y los que amamos. Dejamos de ver crecer a los hijos, de compartir con nuestra pareja o amigos, de dedicarnos tiempo a nosotros mismos, ¿para qué?

Nos acostumbramos comportamientos que no van con nosotros, nos adaptamos a situaciones que riñen con nuestros sueños y, lo peor, adquirimos hábitos que se traducen en obstáculos y en fuente de infelicidad. Por ejemplo, aceptamos madrugar todos los días, a veces también durante los fines de semana, cuando en realidad es algo que odiamos con todo nuestro corazón.

¿Por qué lo hacemos, entonces? Porque es algo que nos han impuesto, porque creemos que el único camino para conseguir lo que deseamos es ese libreto que nos enseñaron cuando éramos niños. Y en vez de tomar el control de nuestra existencia, en lugar de darle a nuestra vida un rumbo distinto, lo que hacemos es fortalecer los hábitos que nos llevan a la infelicidad.

Es un terrible círculo vicioso del que solo unos pocos, los arriesgados, conseguimos salir. Algunos me dicen que somos privilegiados, y quizás tengan razón, pero no en el sentido tradicional: sí somos privilegiados porque nos dimos el derecho de vivir una vida distinta, sin esas creencias limitantes, una vida conectada a nuestras pasiones cuyo rumbo nosotros mismos decidimos.

Acá te comparto diez hábitos aprendidos que estropean tu felicidad:

1) Tener la razón: si tu autoestima está bien, si te aceptas como eres, si entiendes que hay quienes piensan y actúas distinto, no necesitas que te den la razón. Respeta las diferencias, pasa de largo

2) Las expectativas: vivimos apegados al qué dirán, al qué esperan los demás de nosotros y nos preocupa decepcionarlos así nos veamos obligados a sacrificar nuestros sueños

3) El pasado: no sabemos soltar y cargamos sobre las espaldas una pesada lápida que nos impide avanzar. Libera el pasado, que no te pertenece, y concéntrate en el presente, lo único que tienes

4) El perfeccionismo: queremos que todo sea perfecto, que todo cuanto iniciamos salga perfecto, pero la vida no es así. Busca superarte, pero acepta y agradece lo que has conseguido

5) Preocupaciones innecesarias: somos expertos en darles poder a situaciones que no podemos controlar y que nos afectan (clima, tráfico vial). Enfócate en lo que depende de ti, y hazlo bien

6) Correr sin rumbo determinado: la rutina del mundo moderno es frenética y nos envuelve sin que consigamos evitarlo. Vamos a toda velocidad, pero no sabemos para dónde, ni porqué

7) Coleccionar malestar: dejamos que nos afecten las cosas más simples, que no tienen la menor importancia y solo conseguimos llenarnos de odio, de resentimiento. Libérate de esas piedrecitas

8) Traicionar los valores: son parte vital de la vida, porque no imponen límites y nos indican cuál camino debemos seguir, pero a menudo los traicionamos por conseguir la aprobación de otros

9) Montar videos: es decir, meternos en la cabeza películas de terror que nos amargan la vida, que nos provocan desconfianza de los otros, que nos llenan de inseguridad y de prejuicios

10) Dar vueltas: crees que sabes lo que quieres, pero en realidad solo lo imaginas. Por eso, en tu cabeza esa vida ideal da vueltas y vueltas, pero nunca será posible si no dejas de pensar y actúas

Ser feliz, lo repito, es disfrutar el proceso más allá de las dificultades que surjan en el camino. Darles valor a los momentos de alegría, al abrazo de tu pareja, a la sonrisa de tu hijo, al consejo de un amigo, a la bendición de la naturaleza, a la compañía de tu mascota, a la posibilidad de ayudar a otros con tu trabajo. Si aprendes a disfrutar esto, lo que recibas al final de camino será maravilloso.

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