Cuando NO HACER se traduce en beneficios

No siempre se trata de lo que debes hacer. En la vida, y sobre todo en los negocios, en muchas ocasiones también se trata de lo que NO debes hacer. Y lo RESALTO BIEN GRANDE porque es algo que no puedes pasar por alto: si traspasas esa línea, ingresas a un terreno en el que estás expuesto a grandes riesgos, a obstáculos difíciles de superar y, en especial, al error y al fracaso.

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Durante gran parte de tu vida, en la niñez y la adolescencia, nos someten sin cesar a un bombardeo de NO: no hagas, no toques, no puedes, no sigas, no lo intentes y muchos más. Son mensajes con una poderosa carga negativa que se graban en nuestra mente y, más tarde, se manifiestan como obstáculos que no podemos superar, como miedos que nos paralizan.

Después, no haces, no tocas, no puedes, no sigues, no lo intentas y, por eso, vives una vida de amargura porque dejaste que tus sueños se escaparan, porque desperdiciaste las oportunidades que se te presentaron. Y así se nos pasa la vida sin que seamos capaces de cambiar esa dolorosa realidad que solo nos conduce a la frustración, a cargar con pesadas culpas. ¡Es una tragedia!

Los pensamientos negativos son muy poderosos, son como pesadas cadenas que nos impiden avanzar, que nos mantienen atados a un pasado que no podemos cambiar. Ellos son tus peores enemigos porque son una creación de tu mente, traviesa y caprichosa. Esos NO son dañinos, tóxicos, te impiden alcanzar el desarrollo personal que requieres para conseguir lo que deseas.

Esos NO que se manifiestan en pensamientos negativos, en creencias limitantes, hay que sacarlos de tu vida, hay que erradicarlos de tu rutina diaria. Son un problema, un estorbo, son la principal razón por la cual muchas personas con talento, dones, conocimiento y pasión… nunca logran lo que se proponen: están condicionadas por esos y otros NO y, entonces, jamás avanzan, se estancan.

Sin embargo, te prevengo: debes tener cuidado. ¿Por qué? Porque todas las monedas tienen dos caras y la moneda de los NO es una de ellas. ¿A qué me refiero? A que hay unos NO que son buenos, que te convienen, que hay que incorporar en tu mente después de que saques de ella los que son dañinos y tóxicos. Son los NO que se manifiestan como llamados de atención ante las dificultades.

¿Los conoces? En cualquier actividad de la vida, pero especialmente cuando eres emprendedor (o aspiras a serlo), requieres de estos NO positivos, de los NO que te evitan problemas. Porque, por si no lo sabías, emprender no tiene que ser doloroso, no tiene que ser un sacrificio, no tiene que ser una apuesta arriesgada, no tiene que ser vivir una vida solitaria e infeliz, no tiene que ser una carga.

“A mí no me va a ocurrir, lo tengo controlado” es una frase que escucho con frecuencia por parte de jóvenes emprendedores que quieren comerse el mundo. Están tan convencidos de que tienen la fórmula del éxito, tan seguros de que van a conseguir lo que desean, que hacen caso omiso de las señales de alerta, de los NO positivos, y después pagan un precio muy alto. Pero, ya es tarde.

A continuación, te cuento de siete NO positivos a los que vale la pena prestar atención:

1.- NO trabajes sin descanso. Es cierto que ser emprendedor no es fácil, en especial en la primera etapa de tu negocio, y que las abundantes tareas te sobrepasan, te agobian. Sin embargo, no eres una máquina y, como cualquier ser humano, requieres descanso, debes hacer otras actividades. Trabajar más no te llevará a los resultados que esperas, en cambio trabajar mejor sí lo hará.

2.- NO seas tu última prioridad. Una de las premisas del éxito en el mundo de los negocios (que aplica también para la vida) es aquella de “págate primero a ti. Y no me refiero exclusivamente al tema económico, sino en especial al emocional: date un gusto, desconéctate un día entero, sal con tu pareja o con tu mascota de paseo, invierte en tu formación. La primera recompensa es para ti.

3.- NO asumas que es de ‘vida o muerte’. Ningún negocio, ninguno, es de ‘vida o muerte’. Si fallas, la vida sigue y habrá nuevas oportunidades. Date la oportunidad de errar, de fracasar, y más bien concéntrate en el aprendizaje que surge de esas situaciones. Date permiso de equivocarte, sé consciente de tus limitaciones, acéptate tal y como eres y enfócate en lo positivo de cada caso.

4.- NO temas al qué dirán. Este es uno de los obstáculos más difíciles de superar para quienes empiezan un emprendimiento: están condicionados por las opiniones de los demás, de su círculo más cercano. Es tu vida, es tu negocio, es tu aprendizaje: no prestes atención a lo que digan otros, porque igual te criticarán aun cuando aciertes. Cree en ti, confía en ti y procura disfrutar el proceso.

5.- NO seas impaciente. Nadie, absolutamente nadie, se hizo millonario o triunfó en la vida o en los negocios de un día para otro. “Roma no se construyó en un día”, reza una popular frase que nos enseña que hay que ir paso a paso, con paciencia, con tolerancia al error, con un plan definido y una estrategia que nos permita lograr lo previsto. Ser impaciente es un atajo que te lleva al fracaso.

6.- NO dejes de aprender. El aprendizaje continuo es el camino más seguro (el único seguro) para lograr lo que te propones. El día que no aprendes es un día perdido. Y no solo tienes que aprender de tu negocio, de la tecnología o de estrategias de marketing. También debes conocerte mejor, debes adquirir el conocimiento que te permita potenciar tus fortalezas y minimizar tus debilidades.

7.- NO eres perfecto. Ni tú, ni nadie. Por eso, no seas tan duro contigo mismo. Entiende que en el camino siempre habrá dificultades y que a veces no triunfamos a la primera. Tolerancia, paciencia y persistencia son tres cualidades imprescindibles para un emprendedor, pero no podrás aprovecharlas si tu mente no está programada para el éxito, si no es tu principal aliada.

El arte del éxito, la felicidad, la abundancia y la prosperidad en la vida y en los negocios se basa, en especial, en aprender a diferenciar qué te conviene (NO positivos) y qué no te conviene (NO tóxicos). Lo importante es entender que tú eliges, que tú decides qué camino tomar. Por si no lo sabías, se trata de una habilidad que cualquiera puede desarrollar, que tú puedes desarrollar.

¿Cómo hacerlo? La clave está en el conocimiento. Cuánto te conoces, con qué tipo de mensajes programas tu mente, cómo gestionas las emociones, cuál es tu actitud ante el fracaso. La clave está en las herramientas y recursos de que dispones y de cómo los aprovechas. La clave, amigo mío, está en la calidad de la ayuda idónea que recibes para convertirte en un triunfador.

¿Y tú? ¿Qué estas esperando?

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