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¿Sabías que la vida del ser humano, de la mayoría de los seres humanos, transcurre en medio de una paradoja? Me refiero a esa situación de cargar el lastre de eventos y experiencias del pasado, con sus culpas y resentimientos incluidos, y al mismo tiempo sufrir la ansiedad del futuro, de saber qué nos deparará la vida, de imaginar que nos puede ocurrir algo negativo. ¡Es una tortura!

¿Y sabes qué es lo peor de esa paradoja? Que destinamos el 95 % de nuestros pensamientos a situaciones o hechos ¡que no ocurrirán! Es lo que llamamos películas mentales, que nos atormentan y nos mantienen en vilo, que condicionan las creencias que tenemos y las decisiones que adoptamos. Por supuesto, son el origen del ciento por ciento de los problemas que enfrentamos.

Te voy a dar un ejemplo: el racismo. Nos enseñan que las personas que profesan creencias distintas de las nuestras, como los musulmanes, son peligrosos porque son terroristas. Y todos los días somos bombardeados a través de las redes sociales y los medios de comunicación con mensajes que sustentan esta tesis, al punto que sin conocer a un musulmán ya lo odiamos.

Por supuesto, no es cierto, pues si bien hay musulmanes que protagonizan actos de terrorismo, también los hay blancos, europeos, latinoamericanos. ¿Entiendes? Nos infunden el odio y el miedo y nos aterra ir un día cualquiera por la calle y encontrarnos con un musulmán. Mientras llega ese momento, que seguramente nunca llegará, nos imaginamos situaciones terribles que no sucederán.

Lo peor de todo esto es que no solo nos ocurre con situaciones extremas como la que acabo de mencionar, sino en las más simples, en las cotidianas. “¿Y si me botan de mi trabajo?”, “¿Si mi pareja me deja por otro?”, “¿Si a mis hijos les pasa algo malo?”, “¿Si este dolor que siento es un cáncer en fase terminal?” y otros pensamientos por el estilo, tóxicos, negativos, destructivos.

Es probable que se den, es decir, que pierdas tu trabajo, que tu pareja se vaya con otro, que a tus hijos es pase algo negativo o que te enfermes, porque son situaciones a las que cualquier ser humano está expuesto. Sin embargo, carece de sentido otorgarles el poder de llenarnos de pánico, de incomodarnos, de arrebatarnos la tranquilidad, de impedir que disfrutemos lo bueno de la vida.

Sufrimos más por lo que pensamos, por lo que nos imaginamos, que por lo que en realidad nos sucede. Si un familiar cercano sufre una pérdida, de inmediato creemos que somos el siguiente de la lista y comenzamos a rumiar en la cabeza una cantidad de ideas tóxicas que nos contaminan. Y que, por supuesto, nos amargan la vida, nos echan a perder las bendiciones que nos regala la vida.

Nos atormenta lo que nos sucedió en el pasado, porque creemos que se puede repetir, y nos da pánico lo que creemos que nos va a suceder en el futuro. Y dejamos de vivir el presente, que es lo único que tenemos, que es el tesoro más preciado que poseemos. Distorsionamos la realidad y la convertimos en un infierno en el que se extingue la vida y se queman nuestros sueños.

Nos enseñan que adelantarnos a los hechos es ser inteligentes, pero no hay tal. Por más preparado que estés, por más prevenido que andes, los problemas van a llegar, no los podrás eludir. Te vas a enfermar, vas a sufrir pérdidas dolorosas, te despedirán de tu trabajo, romperás relaciones que son importantes para ti, te traicionarán, arriesgarás tu dinero y lo perderás en malos negocios.

Y, atención, eso ocurrirá simple y sencillamente porque así es la vida. Cuando nos enfocamos en lo negativo que nos sucedió y pensamos que se va a repetir es porque no lo hemos superado, porque la herida todavía está abierta. También, porque creemos que podemos controlar lo que nos rodea, las personas o situaciones, pero tampoco es posible. Así solo nos desgastamos, nos frustramos.

Mi punto de vista, y lo que he aprendido gracias a mis mentores y a mis experiencias, es que la vida perdería su gracia su tuviéramos la posibilidad de anticipar el futuro, de predecirlo. Una de las características maravillosas de la vida es su capacidad para sorprendernos, para ofrecernos sus bendiciones. El mensaje que debemos incorporar es que la vida, en esencia, es incertidumbre.

Y esas son buenas noticias, ¿lo sabías? Sí, muy buenas noticias. Porque lo peor que le podría ocurrir al ser humano sería saber que su vida ya está resuelta, que su destino está decidido, y no es así. Lo maravilloso es que la vida es como una hoja en blanco en la que puedes escribir tu propia historia, editar, borrar y reescribir, y así sucesivamente todos y cada uno de los días de tu vida.

Para evitar quedar enredado en esta paradoja, te propongo las siguientes acciones:

1.- Suelta, no controles. Lo bueno que te sucedió en el pasado, estaba fuera de tu control y aun así ocurrió. No podías controlar, pero ocurrió. Entonces, aprende la lección: no puedes controlar lo que te sucede, pero sí los efectos, los impactos, las consecuencias. Acepta la vida como es y más bien preocúpate por lo que siembras, pues será justamente lo que vas a cosechar más adelante.

2.- Sé optimista, positivo. ¿Escuchaste alguna vez de la ley de atracción? Bien, funciona. Todo lo que sucede en tu vida, absolutamente todo, es fruto de lo que tú atraes con tus pensamientos, tus acciones y tus decisiones. Si ves lo positivo, será positivo lo que regrese a ti. Aléjate de lo tóxico, destructivo y negativo y enfócate en ver el lado bueno de lo que sucede en tu vida, para que se repita.

3.- Sé flexible, adáptate. La vida es dinámica pura: nunca se detiene, nunca regresa al pasado. Eso nos obliga a aprender a adaptarnos a las condiciones cambiantes, que a veces no son lo favorables que nos gustaría. Acepta el cambio, valóralo, descubre el aprendizaje que encierra e incorpóralo en tu vida, aprovéchalo. Los imprevistos, por esencia, no son buenos o malos: tú eres el que define.

4.- Confía en tu intuición. Todo aquello que hemos vivido, positivo o negativo, es aprendizaje. Utiliza esas experiencias para tomar decisiones cuando la vida te ponga frente a una situación similar, en especial para evitar un error que ya cometiste. Cree en tu intuición, piensa positivo y déjate guiar por tu corazón. Confía en ti y verás como la vida te sorprende con sus bendiciones.

5.- Vive el presente. El pasado ya fue, no lo puedes cambiar y tampoco lo puedes controlar. Aprende lo que tiene para enseñarte y ¡déjalo ir! El futuro no te pertenece, porque todavía no llegó y tampoco lo puedes controlar. La única opción, la mejor opción, es concentrarte en el presente, del que depende tu futuro. Aprovéchalo, disfrútalo, haz lo que te gusta, vívelo.

Moraleja: solo hay un escenario en el que puedes ser feliz, en el que puedes cumplir tus sueños, en el que puedes recibir las bendiciones que la vida tiene para ti. Ese escenario es el presente, el hoy. Olvídate de esas películas mentales que te atormentan, apártate de la ansiedad por saber qué ocurrirá en el futuro. Piensa positivo, decide positivo y verás cómo la vida te recompensa positivo.

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